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Sábado, 14 de octubre de 2006

El país donde no florece el ingenio

Hace unos días se me ocurrió consultar en la wikipedia la palabra submarino. A medida que iba leyendo el artículo, esperaba encontrar la cita en la que se mencionaba la construcción del primer sumergible operativo como arma de guerra. Creía recordar, de hacía mucho tiempo, que había sido un español quien había conseguido el primer avance en esto, pero no me esperaba encontrar que la iniciativa española hubiera sido tan clara.

En efecto, resulta que el primer submarino con motor de combustión fue el Ictineo II, diseñado por el catalán Narcís Monturiol, que hizo una demostración en el puerto de Barcelona. Sin embargo, parece ser que la Armada no se mostró interesada en un avance militar tan evidente.

No es habitual que la España de aquellos años fuese pionera en este tipo de avances, y sin embargo, el genio de Monturiol hubiera podido pasar a la historia de una manera más gloriosa si los ineptos militares de entonces se hubieran dado cuenta de la utilidad del proyecto. Una ocasión más en la que se demuestra que en España no puedes llegar a ser un genio, porque las circunstancias no te acompañan y porque, en el caso de que milagrosamente lo consigas, no faltará quien se encargue de hacerte pasar desapercibido e incluso hundirte.

Pero yo seguí leyendo el artículo, convencido de que unos párrafos más tarde, leería que algún inglés o francés había inventado por fin el primer submarino operativo. No señor: fue otro español, Issac Peral (este era el que yo recordaba de mi infancia), quien en 1888 construyó un prototipo de submarino que fue el primero de la historia en disparar un torpedo. De hecho, podría haber sido utilizado en la famosa guerra de Cuba, proporcionando a la Armada una cierta superioridad sobre los norteamericanos. ¿Y por qué no fue así? Por lo de siempre: "oscuros intereses", falta de inciativa y de visión de futuro por parte de los altos mandos, e incluso yo me atrevo a conjeturar que fue la razón más típica de todas: la envidia. A ciertas personas no les debió gustar que una cierta cantidad de dinero destinada a otros proyectos fuese a parar a este (sin duda más interesante que cualquier otro), y lo desestimaron.

Así fue como España, que podría haber sido pionera en la historia gracias a estos dos genios, quedó relagada (una vez más) a un puesto secundario en el panorama internacional. Si estos mismos inventos los hubiera realizado un francés, por ejemplo, sin duda que todos conoceríamos su nombre y su nación se enorgullecería de haber contado con un ingenio así entre sus hombres. Pero tuvieron que ser españoles.

Por: Monsieur le six | General | Comentarios (0) | Referencias (0)

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