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Sábado, 10 de junio de 2006
Falta una semana para el dichoso referéndum del Estatut de Catalunya. Se supone que, como ciudadano de esta autonomía (llamémosla así, ya que con tanto rollo de nación, país, identidad nacional y todo eso que se inventan ya no me aclaro), debería estar impaciente por poner mi granito de arena en la democrática decisión de aprobar o rechazar una ley de leyes que rija durante muchos años (o sea, hasta que llegue al poder otro partido al que le dé por cambiar las cosas, como pasa con las normas educativas) los destinos del lugar donde vivo, y debería haberme informado de todo lo relativo al tema, escuchar los debates televisivos, leer los artículos de los periódicos, y estar ya con mi papeleta preparada para el domingo 18.
Pues no. No me produce ningún interés. No tanto el estatuto mismo, sino la manera en la que se enfoca por parte de los partidos. Ya para comenzar ¿estaba pidiendo el pueblo un nuevo estatuto? Me temo que no. En caso de que se hiciera uno, ¿No sería conveniente que antes se aclarase la linea a seguir por parte de toda España respecto de sus autonomías en lugar de dejar que cada una apruebe su estatuto por separado, como en una especie de lucha por sacar la mayor tajada posible? Porque el proceso actual da la impresión de que aquí todos van a Madrid a eso, y que las autonomías que no presentan un estatuto son tontas, por dejarse "expoliar" por los "aprovechados" que se presentan con exigencias de competencias en recaudación y en control de aeropuertos y administraciones de todo tipo. De ahí que desde luegares como Valencia o Andalucía se impulsen proyectos similares.
Tampoco anima la manera barriobajera, despreciable y rastrera en la que todos los partidos políticos (con la excepción quizás de Iniciativa per Catalunya, que se mantiene un poco en su linea de respeto) encaran este referéndum, atacando a los demás en lugar de defender su propuesta, demonizando las iniciativas que no encajan con su idea de Catalunya sin informar para nada a los ciudadanos del beneficio real que les comportará su aprobación. Aún no he oído a nadie decir: "Aprobar el referéndum servirá para tener exactamente 'tal cosa'". Lo mismo para quienes lo rechazan. No hay argumentos, es pura política de ataque y defensa. No se piensa en el estado, sino en el partido, y nadie está libre de culpa.
Me da pena el PP, con su anacrónica idea de la realidad naciona y su actitud de avestruz que entierra la cabeza para no ver el mundo que la rodea, me da pena el PSC con sus desdpreciables eslógnaes electorales, me da pena la rabieta infantil de ERC, que se cree que por tener unos cuantos diputados en el Parlament ya tiene que hacerse lo que ellos quieren, no sólo en Barcelona, sino en Madrid. Me da pena que CiU esté tan impaciente siempre por volver al poder (qué mal les sentó perderlo, la verdad) que no tengan ni siquiera un momento de cortesía con el PSC en un asunto en el que, en definitiva, están de acuerdo. Parece que últimamente en la política española es pecado estar de acuerdo con alguien. Señores, tranquilos, no les va a dejar de votar nadie por ello.
Aparte de todo esto, el día 18 estaré en Zaragoza viendo un extraordinario concierto en el que actuarán muchos excelentes grupos del rock duro internacional, y desde luego, iré a verlos. Me parece mucho más productivo y desde luego mucho más agradable dedicar mi tiempo a disfrutar de las canciones de Scorpions que seguir alimentando el teatro en que se ha convertido la política nacional. Nos vemos frente al escenario.
Por: Monsieur le six | Política y economía | Comentarios (0) | Referencias (0)