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Viernes, 07 de abril de 2006
No me canso de decir que lo importante de Internet son las personas. Hay quienes la conciben como una acumulación de máquinas, tras las cuales, unos cuantos informáticos y "frikis" del mundillo de la red se dedican a realizar actividades más o menos extrañas, cuando lo que deberían hacer es estar por ahí tomando algo en un bar, haciendo deporte o viajando.
Curiosa visión, pero parcial. En contra de lo que ellos mismos sugieren a los demás (que dejen el ordenador y hagan otras cosas) yo les recomendaría que, al menos de vez en cuando, dejasen ellos esas otras cosas y se diesen una vuelta por la red. Se sorprenderían de la cantidad de arte, de cultura, de sentimientos y por supuesto de conocimientos que hay volcados en ella. Se sorprenderían de la cantidad de amistades que se han forjado a través de sus hilos y de las pequeñas comunidades de personas (sí, señores, personas, no máquinas) que se han creado gracias a la interacción que permite. A veces se realizan campañas del estilo "deja el ordenador y lee un libro". Sorprendente idea. ¿No es mejor, digo yo, dejar un poco de lado tantos libros y estár más en contacto con las personas? Bien mirado, un libro es un medio muy imperfecto de comunicación, ya que, aparte de ocupar sitio y ser poco flexible, sólo permite al lector recibir (nunca enviar, ya que es unidireccional) ideas de una sola persona. La red, en cambio, permite dialogar con los demás, y hacerlo incluso en tiempo real.
No quiero decir con todo esto que la gente deba encerrarse en una sala con un ordenador y vivir sólo para la red. Ni mucho menos. Al contrario, es la vida la que debe servir de base a la red y no al revés. Pero me sorprende ver la facilidad con la que se asumen ciertas formas muy imperfectas de intercambio de información (libros, radio, televisión,...), la mayoría de las cuales sólo sirven como difusores de datos, y en cambio se mira con recelo a un sistema que permite la comunicación casi directa y relativamente barata de las personas de todo el mundo. Tal manera de ver las cosas sólo puede ser fruto del interés o, en la mayoría de los casos, de la ignorancia. Tomemos el ejemplo de la televisión. ¿A alguien le resulta extraño que una persona pase cuatro, cinco o más horas al día viéndola? Y sin embargo, la persona sentada ante el televisor es pasiva, sólo recibe lo que una serie de empresas que controlan la difusión de la información han decidido que vea. Es cierto que puede cambiar de canal, pero todos sabemos que tal variedad es más ficticia que real, y que a fin de cuentas todos vienen a ser lo mismo e incluso estar controlados por las mismas manos. En cambio, en internet, es el internauta el que decide a dónde va. Y no simplemente elige entre la opción A o la opción B, sino que realmente accede al contenido que busca. E incluso, si el autor ha puesto los medios necesarios (a menudo la simple mención de su dirección de correo basta), puede establecer ya un diálogo con él. Así de sencillo. Sin embargo, a muchos les escandaliza aún que un joven dedique más de unas pocas horas a "estar conectado". No es tan malo, digo yo, si se sabe combinar con otras actividades, y sobre todo, puestos a escoger, es mucho mejor que cualquiera de los tradicionales métodos de traspaso de información.
Me resulta auténticamente retrógrada y aberrante la parcialidad con la que, desde algunos medios, se trata a Internet. Parece que quieran presentarlo únicamente como un sistema de comercio de pornografía infantil o de comunicación secreta de miembros de bandas terroristas. ¿Por qué en esos dos casos siempre terminan la noticia diciendo que los criminales "se comunicaban a través de Internet", y no lo comentan cuando, por ejemplo, unos científicos intercambian datos par llevar a cabo un descubrimiento o unos artistas la usan para enriquecerse y adquirir nueva inspiración para sus obras? Parece que lo segundo no vende. ¿O quizás es que tienen miedo de la competencia que este nuevo medio supone para ellos? En cualquier caso, se equivocan. Internet es como cualquier otro medio: una herramienta del ser humano. Si éste la utiliza para lo bueno, será buena; si al usa para lo malo, será mala. Si una banda terrorista se comunica a través de Internet, ¿es algo realmente tan distinto a que lo haga por teléfono, por ejmplo? ¿O por carta? ¿Qué más da el medio realmente? ¿Prohibiremos el correo tradicional o abriremos las cartas de las personas por miedo a que entre ellas haya mensajes de bandas criminales? ¿Por qué entonces hacerlo con el electrónico? No paro de escuchar noticias sobre desarticulaciones de redes de pornografía por Internet. Cuando estas bandas operaban antes de la aparición de la Internet, traficando directamente con fotografías o videos, ¿a alguien le importaba el método empleado? ¿No deberíamos preocuparnos más por las causas de ciertos crímenes en lugar de estar siempre presentando como cómplices a las herramientas materiales que se ultilizaron? Sin duda, puesto que el medio es lo de menos cuando es el ser humano quien lleva a cabo las malas acciones.
Dejemos, pues, de criminalizar a la red. Los criminales, en todo caso, seríamos nosotros, porque, una vez más, Internet no es una red de ordenadores, sino de personas. Y a todos esos que, anclados en el pasado, recelan de las nuevas tecnologías, les aseguro desde aquí que en este medio hay mucho más que pornografía, terroristas, propaganda neonazi y crackers dispuestos a infiltrarse en el Pentágono. Dense ustedes una vuelta y lo comprobarán con sus propios ojos.
Por: Monsieur le six | Sociedad de la información | Comentarios (0) | Referencias (0)